“Macri nos puso al borde del default”

El ex diputado nacional y actual presidente de Unidad Popular analizó la coyuntura y las perspectivas políticas y económicas. Un recorrido por el ajuste, la recesión, los cuadernos de Centeno, las imposiciones del FMI y la necesidad de construir una alternativa que garantice gobernabilidad fueron algunos de los temas.

Fotos: Horacio Paone

Por Gabriel Bencivengo

Durante la charla en la sede de Unidad Popular en el barrio de San Telmo, Claudio Lozano dirá que Macri hizo del desfinanciamiento una política de Estado, que puso al país en el camino del ajuste perpetuo y que Cambiemos ya no controla las principales variables políticas y económicas. En síntesis: un tablero con muchos jugadores y factores que van más allá de lo que el gobierno puede manejar. El diálogo no quedará allí. Los efectos colaterales de los cuadernos de Centeno, la capacidad de resistencia social, el control institucional en poder de la derecha y la necesidad de construir una alternativa que garantice la gobernabilidad serán otros de los temas analizados. Además, durante la entrevista, Lozano afirmará que “las valijas de López” son el único factor de acumulación política del macrismo y advertirá que los funcionarios enriquecidos que reivindican los intereses del pueblo constituyen un fraude político.

“La Argentina tiene dificultades en su inserción externa por cuestiones estructurales que vienen de lejos. La desigualad impacta en el patrón de consumo y eleva el nivel de las importaciones que demandan los sectores de altos ingresos. Además, hay una industria volcada al mercado interno que requiere divisas que no genera. A esto se suman el endeudamiento y la lógica de los capitales dominantes, que tienen un muy importante componente de fuga”, dice Lozano. La lectura subraya que la apertura y la desregulación propiciadas por Macri agravaron los problemas. En sus palabras: “Los llevó a una situación límite y puso al país al borde del default”.

-¿Cuánto influyen los factores internos y cuánto los externos en la crisis?

-Macri hizo del desfinanciamiento una política de Estado. Redujo y eliminó retenciones, rebajó impuestos y aportes patronales. En dos años, la deuda pasó de 250 a 335 mil millones de dólares, sin contar los 50 mil millones del Fondo Monetario. De cada diez dólares que el país necesita solo produce seis por exportaciones. Los que faltan llegan vía endeudamiento de muy corto plazo con tasas siderales. Incrementó exponencialmente la deuda y acortó los plazos. Al desregular y resignar recursos nos expuso a que cualquier situación de la coyuntura mundial impacte muy negativamente. Construyó un país absolutamente demandante de divisas solo para sostener la capacidad de pago. Nos colocó al borde del default.

-¿El gobierno puede encontrar en el Fondo Monetario la capacidad de pago que el mercado financiera le niega?

-Tiene dificultades para demostrar esa capacidad porque esa capacidad no existe. No tenemos saldo comercial positivo y ni siquiera obliga al complejo agroexportador a liquidar las divisas en el país. Lo del Fondo Monetario no alcanza.

-¿Cuánto hay de factor político en la crisis?

-Mucho. En la crisis de abril y mayo se rompió el acuerdo de gobernabilidad que sostuvo a Cambiemos durante dos años. Esa ruptura se expresó en el proyecto legislativo que buscaba frenar al aumento de las tarifaras. Los que participaron de ese acuerdo, entre ellos las distintas variantes del Justicialismo, tomaron distancia. Ahí terminó una etapa.

Leyeron que era fin del llamado gradualismo…

-Seguro. El capital financiero marcó la cancha y le dijo a Macri que el gradualismo no iba más. Eso abrió un conflicto hacia el interior del gobierno. Quedaron enfrentados el sector económico y el político. El PRO venía desarrollando una estrategia que pretendía legitimar la reelección. Pensaron que tenían soga y no se la dieron. Eso, sumado a la corrida cambiaria y al acuerdo con el Fondo Monetario, nos puso en la situación actual.

El gobierno parece tener por único objetivo el famoso déficit cero.

-Con deuda y recesión es absolutamente inalcanzable. La única forma sería con una economía en crecimiento y sin deuda. El ciclo es conocido. El ajuste profundiza la recesión, caen los recursos y se hace necesario volver a ajustar. Por ese lado no hay salida. Todos los años se incrementa la deuda. El país suma capital adeudado solo para pagar intereses. Achican lo que ellos llaman gasto primario y amplían la partida de intereses. Pasamos de un Estado que asumía ciertas obligaciones con la sociedad a un Estado cuya única finalidad es demostrar capacidad de pago.

La deuda eterna

El acuerdo pactado por Cambiemos con el Fondo Monetario abre muchos interrogantes. A juicio del cronista, y más allá de su sustentabilidad y de los costos sociales, de perdurar quedaría una pregunta central: ¿Qué capacidad de maniobra tendrá el próximo gobierno?  Según Lozano, la única forma de ganar margen de acción sería desconociéndolo. Afirma que las condiciones están dadas: “Macri no pasó el acuerdo por el Congreso como establece la Constitución”.

-El gobierno invocó la Ley de Administración Financiera…

-Una ley de principios de los noventa. Aunque hace una excepción cuando se trata de organismos multilaterales, la reforma constitucional del ‘94 ratifica que la cuestión del endeudamiento externo es facultad exclusiva del Congreso. Esgrimen una ley caduca. Hasta el Fondo Monetario quedó fuera de juego. Su estatuto prohíbe prestarle a un país con fuga de capitales. Aquí ya se fugaron cincuenta mil millones de dólares. Toda la guita que trae el Fondo la están subastando para financiar la fuga.

-Ningún gobierno consiguió resolver el problema de la deuda. ¿Por qué?

-Si no se revisa el endeudamiento, si no se dan de baja determinadas porciones que no se justifica pagar, si no se replantea la negociación y se deja de lado la estrategia de hacer un paquete financiero, nunca se va a resolver.

-Desde el punto de vista legal podemos. ¿Se puede desde el punto de vista económico?

-¿Por qué lo pudo hacer Ecuador? Poder se puede…

-Y el costo social…

-Habría que evaluar qué es más costoso, si seguir por este camino o denunciar la deuda ilegítima y cambiar la estrategia de negociación. Argentina paró la pelota, pero luego no hicimos lo que había que hacer. La revisión que debería haberse concretado en el período Duhalde-Kirchner no se hizo. El país repuntó…

-En un contexto mundial favorable y casi sin pagar deuda durante un par de años…

-Es cierto. Pero en un contexto desfavorable sacarte la carga de la deuda es más favorable todavía. Insisto: las condiciones existen. En todo caso, el interrogante es político.

-¿Quién se hace cargo de la decisión?

-Seguramente que no será el sector mayoritario de la dirigencia. Casi todos sus actores están comprometidos en mayor o menor medida en las distintas etapas de la deuda. Nadie desea hacerse cargo del muerto que él mismo armó.

-No hablemos ya del capital de la deuda. ¿Se pueden pagar los intereses con recursos propios?

-La pregunta es interesante. El único intento en esa dirección fue el de Néstor Kirchner. Pagó de todo, pero no alcanzó. Es más, a partir de 2010 tuvimos que volver a endeudarnos. La actitud de pago serial no encontró correspondencia. Griesa de por medio, nos terminaron haciendo pelota.

-Macri agravó la situación…

-Hacia diciembre del año pasado, la deuda era de 335 mil millones de dólares, unos 385 mil millones con el préstamo del FMI. Devaluación mediante, el PBI ronda hoy los 400 mil millones. En otras palabras, la deuda equivale al ochenta por ciento del PBI. Un disparate. Hay que decir claramente que ya estamos en default y hacer del tema una causa política. La solución nunca va a llegar por el lado financiero. El único objetivo del Fondo Monetario es que no se interrumpan los pagos, que la rueda siga girando. Resolver la situación para que volvamos a endeudarnos.

Cabalgando la crisis

Lozano señala que en la economía de Cambiemos no hay mecanismos para generar divisas. Una visión que comparten muchos otros economistas. Afirma, además, que los acreedores leen correctamente la situación. De allí que concluyan que los desembolsos del FMI son un parche. El monto prometido, aunque de una magnitud importante, sería insuficiente para cubrir el déficit creado por Cambiemos. Menos aun si con esos fondos se pretende mejorar el balance del Banco Central. “Están buscando convencer al mercado que el plan se sostiene. El problema es que no pueden dibujar lo que no existe, la falta de dólares”, dice Lozano.

-¿Qué análisis hace de los cuadernos de Centeno?

-Plantean un escenario que aumenta la injerencia del capital financiero internacional. En esta segunda corrida, la que estamos atravesando, aparece el componente político de los cuadernos. Me parece que hay dos factores simultáneos. Uno es la puesta en discusión del sistema de compras públicas. La denuncia explícita de cartelización abre la puerta al debate planteado en los acuerdos internacionales de libre comercio sobre la participación del capital internacional en las compras estatales. El tema estuvo presente en el Alca, y lo está en las negociaciones con la Unión Europea y China. Los que históricamente monopolizaron el sector van a tener problemas para seguir manteniendo esa posición.

-¿Los cuadernos no estarían dirigidos exclusivamente a la persecución política de Cristina…?

-También Macri quedó en el banquillo; Calcaterra es Macri. La escisión del grupo solo tuvo por objeto seguir haciendo negocios con el Estado. Macri es parte de la cartelización. Da la impresión que está intentando defender a las empresas cuando argumenta que las empresas no son los empresarios, como si la cartelización fuera un fenómeno que se explica por las personas. Los cuadernos lo ponen en una situación incómoda. Su pertenencia a la patria contratista lo enfrenta al capital financiero y a las multinacionales del cuales depende para construir política.

-¿Y en el plano político?

-Cuestionan a casi todo el sistema. Aunque los medios dominantes pongan el acento en Cristina, está claro que de la cartelización de la obra pública no se salva ninguno. Tan claro como que enriquecimiento ilícito hubo siempre. Hay toda una casta política vinculada a esos negocios. En el plano económico, los cuadernos son útiles para desplazar a los grupos locales, y en el terreno político para impulsar un modelo conservador de alternancia donde no haya lugar para una experiencia popular, las que ellos califican como populistas.

-Macri, aunque a su pesar, funcionaría como el Caballo de Troya de las multinacionales…

-El Fondo Monetario, Wall Street y Washington lo quieren sostener como un líder regional, pero condicionado. El propio gobierno reconoce que hay multinacionales dispuestas a comprarle a las empresas denunciadas los contratos ya adjudicados en el marco del programa de Participación Pública Privada. Es un negocio multimillonario.

-¿Qué lectura hace del aparición de  Macri con Paolo Rocca en Vaca Muerta?

-Techint es uno de los grupos afectados por los cuadernos. Macri se muestra con Rocca porque Vaca Muerta es una apuesta estratégica del gobierno, una suerte de apuesta al oro de Potosí. Quieren incorporar los hidrocarburos a la base exportadora. Creen que así se podría resolver el problema de las divisas. Las petroleras, junto con el capital financiero y el agro, son el trípode que sustenta al  macrismo. La dolarización de las tarifas, la desregulación financiera y la baja de las retenciones están directamente asociadas a esto.

Resistencia, gobernabilidad y construcción

“Hay una enorme capacidad de resistencia social que le puso límites a Macri. Lo que falta es capacidad para construir desde allí una alternativa política. Hay intentos, pero si Macri gobierna es porque las estrategias populares fracasaron”, evalúa Lozano. El diálogo deriva en las características del mundo laboral por fuera del circuito formal. Un ámbito donde convergen asalariados no registrados, cuentapropistas y desocupados. Un sector heterogéneo que marcó la movilización de los últimos tiempos. Mucho más que el sindicalismo tradicional. La propuesta: abrir espacios para el debate. Lo que más cuesta. ¿Por qué…?

-Porque hay una tendencia, incluso en las organizaciones populares más importantes, a ubicarse bajo el paraguas del sistema político tradicional en lugar de armar una experiencia propia.

-¿Quiénes serían los posibles actores de esa construcción?

-La historia me inclina a pensar que la construcción debería surgir desde los trabajadores. El mundo laboral tuvo un papel dominante en la lucha política del país. Lo que está faltando es un actor protagónico que pueda articular. Soy optimista. El acuerdo con el Fondo Monetario implica recortes muy duros. Ya en la primera revisión, el gobierno tuvo que recomponer recursos. Retrocedió con algunos ajustes. Se vio en la modificación del fondo sojero, en la suspensión de la rebaja de las retenciones y en la eliminación de los reintegros a las exportaciones. Lo mismo pasó con las reformas laboral y previsional.

-¿Y los actores concretos?

-Hay que trabajar con la CTA Autónoma y sumar algunos sectores de la CGT, como aceiteros y los gremios de la Corriente Federal. También con los movimientos territoriales. Los trabajadores ya no tienen una única forma de inserción laboral. La precarización domina. Necesitamos otra experiencia sindical. Están, además, el movimiento ambientalista, el feminismo y los pueblos originarios, por citar algunos ejemplos.

-¿La crisis económica sumada a la incertidumbre política genera un riesgo de gobernabilidad?

-La resistencia social veta, pero el sistema institucional está manejado por los que llevan el rumbo actual. Esto genera condiciones de profunda inestabilidad. Más allá de frenar a Macri, hay que generar un proyecto estratégico. Desde Unidad Popular estamos trabajando con compañeros que vienen de historias y espacios distintos, como el Movimiento Evita, Libres del sur, Patria Grande, la Izquierda Popular de la Dignidad, la Corriente clasista…

-¿Irían en un frente con el kirchnerismo…?

-Sí, claro. Lo que hay que ver es el cómo. Hay mucho para rescatar de la experiencia kirchnerista.

-¿Qué cosas?

-Varias. Fue una estrategia que compensó en parte los deterioros sociales que se dieron en los años noventa y, aunque no resolvió el problema de fondo de la desigualdad, aportó una mejora relativa. Otra cuestión es el discurso político que reivindicó las luchas populares y los derechos de las minorías. Creo que mucho de eso está presente y potencia la capacidad de resistencia actual. Otro tema positivo es el posicionamiento del país a nivel regional.

-¿Los principales errores?

-No haberse sacado de encima al PJ. La unidad del Justicialismo es una trampa mortal. Hay un sector que es soporte de la gobernabilidad de Macri, el mismo que puso un límite al kirchnerismo, que no lo dejó avanzar hacia transformaciones más profundas. El otro tema grave es la corrupción.

-Volvemos sobre los cuadernos…

-En parte. Cuando digo corrupción me refiero en esencia al enriquecimiento de los funcionarios. Es una hipoteca que no se salda con la mala lógica de calificar al macrismo como corrupto. Que el sistema capitalista es corrupto es elemental. Que las clases dominantes incurren en prácticas corruptas tampoco es novedad. El problema es cuando funcionarios enriquecidos reivindican los intereses del pueblo. Ahí, el golpe político es fenomenal. Luego hay temas que aparecen por detrás y merecen otro debate, como el financiamiento de la política.

-El kirchnerismo insistió mucho en la necesidad de propiciar una burguesía nacional.

-El problema es que cuando la quiso construir eligieron a los Cristóbal López, a los Lázaro Báez… Ahí están los casos del Astillero Río Santiago y Río Turbio. La industria naval es madre de industrias. Venezuela puso mucho dinero para reactivar el astillero y esa guita fue a otro lado. Hoy te dicen que hay que dinamitar el astillero porque en diez años no produjo nada. Las condiciones estaban. La propuesta de la usina en boca de mina, que es una iniciativa de los trabajadores, es otro ejemplo. La guita no se puso una vez, sino tres veces; pero la usina no se terminó. Esos son fraudes políticos.

Tan funcionales al macrismo como las valijas de López…

-Es el único factor de acumulación política que tiene el gobierno. Cambiemos carece de valor propio. Lo único que puede poner por delante para ocultar las calamidades que produce es el cuco de la corrupción kirchnerista.

-En síntesis, habría que revisar la experiencia kirchnerista…

-Pero poniendo en discusión qué se hace con el justicialismo. Desde 2013 está dividido y no está claro que vaya a ir unificado en 2019. Es difícil encontrar una alternativa renovadora en figuras como Massa o Pichetto. Hay que revisar la experiencia para no volver a lo mismo.

-¿Cómo imagina el panorama social que se viene?

-La conflictividad social irá en aumento. Es probable que la resistencia social cada tanto rompa el acuerdo de gobernabilidad, pero hay que construir una experiencia propia, porque podés romperles el acuerdo, pero se vuelven a juntar.

Fuente: www.socompa.info

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