Con los últimos datos laborales del INDEC, queda claro que el trabajo de calidad prometido por Macri no existe

Replicamos el Informe “El Mercado Laboral en terapia intensiva. III Trimestre 2018”, elaborado por Claudio Lozano, coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas de Unidad Popular.

Para Lozano, “con los últimos datos laborales del INDEC, queda claro que el trabajo de calidad tantas veces prometido por Macri no existe. Comparando el Tercer trimestre del 2018 con la situación al 2015, puede observarse que hay 1.034.842 ocupados más de los cuales 564.460 son cuentapropistas (el 54,5%) y 278.872 son asalariados no registrados (26,9%).

El 82% del escaso empleo generado es empleo precario. En este marco, lo que dicen las estadísticas es que se sigue ensanchando el sector informal urbano de subsistencia.

En el último año la tasa de desocupación subió del 8,3% al 9% (167.502 desocupados más), la tasa de subocupación se expandió del 10,8% al 11,8%, (230.189 subocupados más) y los ocupados que siguen buscando empleo crecieron del 15,4% al 16,7% (313.597 desocupados encubiertos más).

En total la subutilización laboral involucra a 397.691 personas más y hay 481099 personas más buscando empleo en la Argentina”.

El Mercado Laboral a pocos meses de finalizar el 2018

El mercado laboral atraviesa un cuadro de terapia intensiva. Es evidente que no estamos frente al colapso del mismo (resiste y sobrevive a los avatares de una economía inestable pero con perspectivas recesivas) aunque es necesario destacar que este estado de “suspensión” obedece a la enorme capacidad de creatividad para la sobrevivencia de la fuerza laboral argentina que conduce al sistemático ensanchamiento del sector informal urbano de subsistencia.

  • Una apariencia engañosa: La evolución trimestral

Al analizar la evolución de las tasas básicas del mercado de trabajo durante los últimos tres meses, es decir el tercer trimestre en relación al segundo, se observa una recomposición del empleo (+ 1,4%) y un descenso de la tasa de desocupación (de – 6,4%).

En primer lugar, conviene realizar dos señalamientos importantes. Por un lado, a la reciente información publicada la antecede uno de los trimestres más críticos en los últimos años, el 2do trimestre 2018 –durante el cual la tasa de desocupación casi alcanza el 10%- en el cual se conjugan tanto los efectos estacionales típicos de la primera parte de cada año, como la tendencia sistemática de ajuste económico que está por completar un período de tres años. Este aspecto será desarrollado con mayor precisión en el siguiente punto.

Por otro lado, aunque también vinculado con lo anterior, la necesidad de insistir en señalar que la tasa de desocupación no es el único indicador que refleja el malestar del mercado laboral y la falta de trabajo, para ponerlo en términos concretos. Por el contrario, pocos países del “primer mundo”, con ciertas garantías sociales consolidadas, son los que pueden sostener en el tiempo a la población desocupada en condiciones dignas. A nivel local, la configuración vigente de programas sociales y seguros de desempleo de cobertura restringida e ingresos insuficientes, representan un enorme “incentivo” para mantener a la población en ocupaciones, en las condiciones que sean.

En este sentido, la lectura de otras tasas del mercado laboral para el trimestre en cuestión, como la subocupación y la tasa de ocupados demandantes de empleo, permiten visibilizar que el proceso de generación de empleo es insuficiente y está muy lejos de satisfacer las necesidades de inserción de la población (particularmente en un contexto de enorme deterioro de los ingresos[1]). Conforme a ello, se verifica que si bien hay 279.214 nuevas ocupaciones, de éstas 129.320 son sub-ocupaciones. Es decir, el 46,3% del nuevo empleo, es empleo en condiciones de subocupación; esto es, caracterizado por jornadas laborales reducidas que generan un menor nivel de ingresos y  por lo tanto, el sostenimiento de la condición de disponibilidad para el mercado de trabajo.

Asimismo, la mala calidad del tipo de inserciones generadas (ya sea por ingresos o condiciones de trabajo) redundan en un aumento significativo de lo que se conoce como desempleo encubierto, o en otros términos, los ocupados demandante de empleo, es decir “el refugio” en empleo de baja calidad por parte de personas sin trabajo que continúan en la búsqueda de un empleo. Esta tasa pasa de 16%  a 16,7%[2], aumentando un 4,5%. De esta manera, la presión efectiva de la fuerza laboral (tasa más elocuente que la exclusividad de la desocupación) afecta a más de ¼ de la población económicamente activa (PEA) mientras la Disponibilidad Efectiva (que incorpora a la anterior a la población ocupada disponible no demandante) representa nada menos que 1/3 de la PEA. Ambos indicadores aumentaron en un 0,5% y un 0,7% durante el trimestre, respectivamente.

Repasando la trayectoria del empleo se observa entonces que el nivel se mantiene en torno al 42% a lo largo de los últimos años con dos excepciones en la serie: 1) la primera parte del 2017 en el cual desciende y se aproxima al 41% y 2) la segunda parte del 2017, durante la cual ocurre el único período de seis meses de mejora haciendo trepar a la tasa al 43% (nivel similar al año 2011). Sin embargo, el corto “veranito” conduce rápidamente a un 2018 que, en su primera parte, retrocede a niveles de empleo cercanos a los heredados por la anterior gestión (entre el 41,5% y el 41,7%).

En este marco, el aumento del empleo verificado en este tercer trimestre  (de +279 mil) no logra compensar la caída producida durante la primera parte de este año 2018 (-350 mil) que en un contexto con perspectivas recesivas[3] se presenta, más como una excepcionalidad, que como un quiebre de tendencia.

  • El tercer trimestre 2018 como “reflejo tardío” de la recuperación económica del primer trimestre 2018

De la serie publicada hasta el momento, por el INDEC recuperado, se verifica un comportamiento inverso entre la dinámica del PBI y la tasa de empleo. Tal inestabilidad, según una explicación posible, obedece a el rezago temporal que experimenta la reacción del mercado laboral frente a los cambio de la coyuntura económica. De esta manera, como se observa del cuadro, mientras el paso del 2do semestre 2017 al 1er semestre 2018 implicaba un aumento de la actividad económica (concentrado principalmente en el 1er trimestre del año) la tasa de empleo desciende pero como resultado de la caída del semestre anterior.  Para la realización del ejercicio se semestralizaron las tasas para disminuir  los cambios bruscos aunque se mantiene un sesgo estacional entre las primeras y segundas mitades de cada año.

Si continuamos esta línea de análisis, se entiende que el aumento del empleo que se verificará -en principio- durante la segunda parte del año 2018  (hasta el momento disponemos del tercer trimestre como representante del mismo) obedece al aumento, muy leve, de la economía verificado hace medio año atrás.

Efectivamente, al analizar el PBI se verifica que durante los primeros tres meses del año 2018 todavía se experimentaba algún rastro de los efecto del rebote económico del año 2017 provocando un “efecto ingreso” en el mercado laboral principalmente sobre la base de sectores de actividad vinculados con las finanzas, la especulación inmobiliaria y el comercio. Hacia el interior de la industria se desatacó el crecimiento de la industria automotriz y la siderurgia. Patrón sectorial éste que evidencia un dinamismo vinculado a la recomposición del segmento social más acomodado (inversión inmobiliaria) y a la recomposición de la rentabilidad de espacios productivos dominados por grandes firmas con poder de mercado orientadas al mercado externo.

Cabe resaltar, sin embargo, que la perspectiva futura de la tasa de empleo se ve seriamente comprometida en el marco de una economía que parece desplomarse desde el II trimestre en adelante. Particularmente, el tercer trimestre del 2018 se ubica un -3,5% por debajo del mismo trimestre del año anterior con una caída de la industria manufacturera aún más pronunciada (-6,5%).

  • ¿Qué pasó durante el último año?

Las lecturas interanuales siempre resultan ser más efectivas para la interpretación que las trimestrales ya que se despeja todo rastro estacional.

Al analizar las tasas básicas del mercado laboral se confirman muchas de las conclusiones destacadas en la lectura trimestral. Concretamente, el rasgo que mejor describe al panorama laboral contemporáneo es el crecimiento de los ocupados que demandan un empleo (desocupación encubierta) o están disponibles para hacerlo. Este segmento, como lo destacamos anteriormente, es reflejo de las pseudo inserciones laborales que son asumidas por los trabajadores coma alternativas “de segunda” frente a la escasez de oportunidades de empleo. Durante el año, los ocupados demandante aumentaron un 8,6% y los no demandante pero disponibles, un 19,4%.

La diferencia respecto al punto anterior se ubica en la evolución de la desocupación y el empleo. La tasa de desocupación  aumenta (+8,5%) en un contexto de prácticamente de estancamiento del empleo  (+0,2%) como consecuencia del carácter insuficiente que asume el proceso de incorporación de mano de obra en la economía dando cuenta del carácter recesivo de la estrategia oficial en contraposición con la mayores necesidades de inserción de la población que precisa completar ingresos (la tasa de actividad aumenta casi un 1%). Cabe destacar que, también durante el último año, el escaso empleo generado se realizó sobre la base de la subocupación (222 mil ocupaciones más vs. 230 mil subocupados más).

De este modo, el incremento de la presión y la disponibilidad de la fuerza trabajo representa un aumento importante, nutrido tanto por la desocupación abierta como la encubierta. Mientras la primera (presión) aumenta un 8,6%, la segunda (disponibilidad total) lo hace en un 10,6%.

  • Un deterioro sistemático en el empleo= mayor desocupación

El rasgo anterior de insuficiencia en la generación de empleo, si se lo sitúa en una perspectiva un poco más amplia permite vislumbrar un proceso de sistemático deterioro.

Como se resaltó recién, el veranito del año 2017 que permitió un ritmo de incorporación de entre 640 mil y 666 mil ocupaciones nuevas,  se reduce a la mitad a partir del segundo trimestre del 2018 (383 mil) y nuevamente, prácticamente a la mitad, si incorporamos el tercer trimestre de este año (222 mil). Como correlato de lo anterior, la desocupación refleja los efectos de la debilidad del empleo: así como hasta el cuarto trimestre del 2017 el aumento del empleo repercutía en un descenso de la desocupación (aunque en magnitudes cada vez menor), los incrementos interanuales del 2018 reflejan un aumento de la desocupación. Concretamente, durante el tercer trimestre, el aumento de la población desocupada alcanza las  167,5 mil personas.

  • Lo que sostiene el empleo sigue siendo el autoempleo y la informalidad laboral

Si bien durante el tercer trimestre se verifica un incremento en la cantidad de asalariados registrados, este fenómeno hay que observarlo a la luz de la abrupta caída que había experimentado este segmento en el trimestre anterior (+141 mil  vs – 269 mil) que lo ubica en un nivel todavía por debajo de comienzos del 2018. De todos modos, acompañando este tímido incremento de los formales, las relaciones salariales informales también se extienden (se sostiene la tasa de informalidad pero la cantidad de asalariados informales crece en 93 mil).

A pesar de la recomposición señalada del segmento formal de los ocupados durante el trimestre, la evolución interanual indica que se sostiene la preponderancia, especialmente, de las formas de empleo por cuenta propia. Las mismas explican el 43,4% de nuevo empleo que al incorporar el segmento informal de los asalariados llega a superar la mitad (55%). En cambio, aproximadamente, uno de cada tres nuevas ocupaciones son trabajos asalariados registrados.

Estimando todo el período macrista la situación se agrava: el 81,5% del escueto empleo generado (54,5% cuenta propia y 26,9% informalidad asalariada) son formas de trabajo asociadas con el mundo informal. Es decir, que obedecen a la degradación de la condición asalariada como modalidad de contratación ilegal así como también el engrosamiento de un sector informal urbano compuesto, tanto por el despliegue de estrategias de autoempleo (empleo de refugio y subsistencia) como por la fuerza de trabajo contratada por empresas en las que, formal y legalmente son trabajadores independientes, pero económicamente no lo son.

[1] Durante el año 2018 la caída real del salario fue de -12,3% y durante los tres años de gestión de Cambiemos alcanzó el  -17,9%.

[2] Máximo nivel de la serie publicada por el INDEC.

[3] La última información del EMAE indica que la economía al mes de septiembre es un -5,8% a la del año anterior al tiempo que el oficialismo pronostica para el año 2019 una caída anual de -0,5%

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